Capaz de escuchar la caída lenta de las horas,
o de ver el viento entre los árboles,
de dirigir un concierto de sirenas
y de encerrar el mar trás los cristales.
Capaz de cultivar perlas de agua dulce
o hacer de su boca una pecera,
de escalar sin red los pensamientos
y volar con otras alas,
para lo cual le sobran ,y le bastan,
tus silencios y sus ganas
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